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Centro Cristiano El Sembrador

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la maldicion de la higuera esteril

estudio de las parabolas

Por: danielhector | Publicado: 10/08/2011 04:32 | |

¿Una Parábola Escenificada? Mt. 21: 18 – 22
Al igual que los antiguos profetas de Israel (Isaías, Jeremías, Esequiel, etc.), Jesús ofrece una lección por
medio de gestos, palabras, y el escenario que le brinda una higuera cerca del camino y en la que no hay sino hojas.
Sería absurda la interpretación, a la mañera de Voltaire, que vio en la maldición que Jesús le inflinge a la higuera
un castigo como si el árbol fuera responable de no llerar fruto. Al experimentar apetito, Jesús aprovecha para explicar
una verdad profunda que tiene que ver con la temática de de estos capítulos de Mateo y el rechazo que Israel hace de
su Mesías. Así, se sirve de la higuera como parábola y también a modo de parábola hay que entender las palabras de
Jesús. La higuera representa a Israel y toda su religiosidad.
El mensaje es el mismo que luego encontramos en Mt. 21: 43, cuando el propio Jesus interpreta el significado de
su enseñanza sobre el rechazo.
Allí, en Israel, había el Templo donde se ofrecían diariamente sacrificios que representaban el único sacrificio
que iba a realizar el Hijo de Dios. Ahora el Hijo de Dios, el Mesías, ha llegado y se le quiere matar.
Israel tenía muchas "hojas" de religiosidad pero no daba el fruto que nace de una fe autentica"
No había sinceridad ni verdad en aquella religiosidad. Al limpiar el templo (Mt. 21:12-17) y al maldecir la
higuera estéril Jesús realizo dos acciones simbólicas y profeticas sin lugar a dudas. Ambas acciones tenían un mismo
proposito y significado: estaba anunciando la caída del Israel estéril. No que acabase con todos los judíos como a
tales, sino que en lugar de Israel, como antiguo pueblo del Pacto, nacía ahora una nueva comunidad internacional, un
Reino eterno, que no solo traerá hojas sino fruto, y ello tanto de judíos como de gentiles. Lo que cuenta no es la
nacionalidad judía sino la obediencia para el Reino.
La fe que mueve montanas (vs. 21 y 22 ). Estos dos texsos requieren una atención especial (cf. Mt.17:20 y Lc.
17:6). Se ha visto en estas palabras de Jesus su enfasis en la necesidad y el poder de la oración de fe. Por supuesto que
encontramos esta enseñanza, pero hay mas. Sobre todo si analizamos el texto a la luz del contexto histórico.
Erradicar árboles y trasladar montañas eran considerados dichos proverbiales en días de Jesús; la suma de los
actos extraordinarios de poder. Sin embargo, la acentuación en las palabras de Jesús no recae en el elemento
extraordinario del suceso. Para comprender sus palabras es de primordial importancia lo que significaba para los
judíos contemporáneos de Jesús la traslación y desaparición de montañas (Is.40:4; 49:11 y esp. Zac.14:10) así como
su amontonamiento para servir de base al monte de Dios escatologico (Is.2:2; Miq. 4:1), todo lo cual era esperado
firmemente por los judíos piadosos como señal escatologica final.
El Rabino Pinhas (360 d.C.) comentaba: “Un día, el Santo - bendito sea - traerá el Sinaí, el Tabor y el Carmelo
para edificar el santuario sobre sus cumbres. ¿Y cual es el lugar de la Escritura que prueba esto? Is. 2:2.” (ef.
J.Jeremías, TEOLOGÍA DEL N.T.,p. 197 y ss.)
Jesus proemete aún a la fe más insignificante, tan pequeña como un grano de mostaza, no primordialmente la
facultad de realizar milagros espectaculares, sino el ser partícipes de la consumación escatológica. En la fe
escatologica, la fe del Reino, es decir: la fe en que se cumpliran los propositos finales del Reino, a pesar de la
incredulidad de Israel y de cuantos se oponen al Rey; a esta fe le sera dado el contemplar como los montes son
traspasados, conmovidos, para dar lugar al monte de la caca de Jehova que sera establecido por cabecera de montes
(Miq. 4»1).
Examinemos el contexto: "Nunca jamas nazca de ti fruto" (r.19). A pesar de esta maldicion, los propósitos
escatologicos del Señor se llevaran a término. No por medio de Israel como nacion pero sí por medio del nuevo
pueblo de Dios, la Iglesia, que anuncia el Reino de los cielos hasta el día de su consumación final.
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